BIBLIA EN UNA MANO Y SEGURIDAD DEMOCRÁTICA EN LA OTRA: LA GUERRA ELECTORAL POR LA CÁMARA EN RISARALDA

Como para alquilar balcón está la disputa por la curul a la Cámara de Representantes en el departamento de Risaralda, en el marco de la alianza entre el Partido MIRA y el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Lo que en el papel parecía una estrategia electoral conveniente hoy se traduce en una batalla cerrada, voto a voto, entre dos fuerzas con electorados disciplinados y visiones políticas distintas.

De un lado está el uribismo risaraldense, que ha salido con toda su artillería política a respaldar a Durguez Espinosa, su candidato en la lista y la ficha del Centro Democrático para mantener presencia en la Cámara. La base uribista, fiel y movilizada, ve en esta elección una prueba de lealtad y supervivencia política en la región.

Al frente aparece el Partido MIRA, que no juega a la improvisación. Su candidato, Geovany Londoño, cuenta con una amplia ascendencia dentro de su comunidad religiosa, una estructura que históricamente ha demostrado capacidad de organización, disciplina electoral y resultados concretos en las urnas. En Risaralda, el MIRA sabe sumar en silencio y cobrar políticamente.

La alianza, lejos de mostrar armonía, evidencia tensiones internas propias de dos proyectos que comparten lista, pero no electorado. Uribismo y fe organizada disputan el mismo espacio, conscientes de que solo uno se quedará con la curul. Aquí no hay margen para errores ni espacio para triunfalismos anticipados.

Risaralda se convierte así en el escenario de una contienda donde la política deja de ser discurso y se vuelve cálculo frío. Aquí no basta con la fe ni alcanza solo con la doctrina uribista. La curul no se gana con sermones ni con consignas históricas: se gana con votos contados uno a uno. Y cuando se abran las urnas, alguien tendrá que aceptar que en esta alianza no todos rezan igual… ni todos mandan