El alcalde de Dosquebradas, Roberto Jiménez superó las tres décadas como carguero
- editora
- abril 6, 2026
- Generales, Nacionales
- Alcalde, Álvaro Restrepo Arenas, Carguero, Cristo, Décadas, Dosquebradas, Roberto, VIACRUCIS
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Entre Dosquebradas y Pereira, la Semana Santa tuvo para el alcalde Roberto Jiménez Naranjo un significado profundamente personal. Mientras el Viacrucis del municipio se consolidó por segundo año consecutivo como uno de los grandes escenarios de fe de la región, en la capital risaraldense también se conmemoraron sus 10 años como síndico del Cristo de Limpias, una imagen que ha acompañado y cargado con devoción durante más de tres décadas.
La Semana Santa de 2026 quedó marcada de una manera especial en la memoria del alcalde Roberto Jiménez Naranjo. Fue una jornada atravesada por la fe, por la responsabilidad pública y por una historia personal profundamente ligada a dos momentos religiosos que han acompañado su vida. El primero se vivió en el Viacrucis de Dosquebradas, un escenario que ayudó a recuperar para la comunidad y el segundo llegó en Pereira, junto al Cristo de Limpias, imagen que ha custodiado durante más de tres décadas.
La primera parte de esa historia, como fue dicho anteriormente, se escribió en su ciudad, en el sendero del Viacrucis. Allí, por segundo año consecutivo, el municipio volvió a vivir una Semana Santa multitudinaria en uno de sus corredores de fe más emblemáticos, un lugar que durante años estuvo expuesto al deterioro del tiempo, al abandono y a la delincuencia, como si poco a poco se fuera apagando una parte esencial de la memoria espiritual de la ciudad. En ese camino crecieron miles de dosquebradenses y pereiranos de la mano de sus padres, sus familias y la devoción de quienes hicieron de ese recorrido una tradición de fe.
Por eso, verlo nuevamente lleno, vivo y custodiado tuvo para el alcalde un significado que iba más allá de lo institucional. Y es que ese lugar no volvió a levantarse por casualidad. Fue el propio Jiménez quien, junto a su equipo de trabajo, lideró la recuperación de este corredor religioso, rescatándolo del estado de ruina en el que se encontraba y devolviéndolo a la comunidad como un espacio digno, seguro y preparado para recibir a los feligreses. Desde entonces, cada año suma nuevas mejoras para enriquecer la experiencia de quienes lo recorren. No en vano, desde el Miércoles Santo ese sendero también se convierte en parte de su rutina diaria, en un lugar que acompaña, recorre y vigila para darle la bienvenida a propios y visitantes.
Durante buena parte del día, su agenda estuvo concentrada allí. Todo transcurría con normalidad, sin afán, en medio de una jornada marcada por la presencia de miles de peregrinos y por el desarrollo ordenado de una de las celebraciones más importantes para la ciudad. Sin embargo, mientras avanzaba la tarde, el tiempo empezó a adquirir otro peso. Faltando cerca de 15 minutos para las 5:30, sus ojos se fueron una y otra vez hacia el reloj. Cuando marcara esa hora, debía cerrar un capítulo de ese Viernes Santo en Dosquebradas para abrir otro, igual de importante, al otro lado del río.
Mientras en La Esneda seguía viva la jornada de fe, al otro lado del río lo esperaba otra cita profundamente personal, el encuentro con el Cristo de Limpias, la imagen que ha acompañado durante 31 años como carguero y 10 como síndico. Se trata de una imagen religiosa custodiada desde hace más de 70 años en la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, en Pereira. De esas siete décadas de historia, el mandatario ha estado unido a ella durante más de tres décadas, primero como carguero y luego como síndico, una responsabilidad que para él no representa solo un deber religioso, sino un vínculo espiritual construido con el paso del tiempo.
Y justamente esos 10 años como síndico eran, de todas las fechas que convergían en esta historia, el motivo más especial de la noche. Porque detrás del Cristo de Limpias, del Señor en el Santo Sepulcro y de la Virgen de la Soledad, se levantan tres de los símbolos más profundos de la Semana Santa pereirana, imágenes que sostienen una tradición cargada de solemnidad, devoción y memoria colectiva.
A las 5:30 de la tarde se levantó de la silla Rimax blanca en la que permanecía sentado, justo frente a la tarima donde se preparaba el concierto del Viernes Santo en el Viacrucis de La Esneda, y se dirigió hacia la iglesia Sagrado Corazón de Jesús. Allí recibió las últimas orientaciones del padre Nelsón Giraldo antes de emprender el camino hacia Pereira. Era el momento de dejar atrás, por unas horas, el sendero que ayudó a recuperar para encontrarse con otra de las devociones que han marcado su vida.
Después de ese breve encuentro con el padre Nelsón, continuó a pie por la calle 19 hasta la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza. Allí ya lo esperaban varios de sus hijos y el resto de cargueros del Cristo de Limpias. Entonces comenzó otro de esos rituales que la Semana Santa conserva con una solemnidad intacta, vestir el hábito nazareno o túnica, junto con los demás ornamentos propios de esta tradición, y asumir plenamente el lugar que le corresponde dentro de la procesión.
Una vez estuvo listo, con la investidura de carguero y la insignia que lo acredita como síndico del Cristo de Limpias, emprendió el recorrido hacia el frente de la Alcaldía de Pereira. La orden llegó a las 7:10 de la noche. Desde la catedral, por la calle Séptima, avanzó junto a la imagen en un trayecto de cerca de 15 minutos que, al llegar al punto de encuentro, fue recibido con uno de los sonidos más característicos de la liturgia solemne, el golpe seco, agudo y penetrante de la matraca.
Allí, frente a la Alcaldía, el Cristo de Limpias fue recibido en un acto de homenaje encabezado por la Diócesis de Pereira y por el Regidor Mayor de la Semana Santa en Pereira, Kamel Antonio Díaz. La ceremonia tuvo un sentido especial, honrar los 10 años de participación de esta imagen en la Semana Mayor de la capital risaraldense. El acto estuvo acompañado por un juramento sagrado de los cargueros y del síndico, quienes reafirmaron su compromiso de seguir custodiándola y velando por ella en los años venideros.
En ese momento, Roberto Jiménez habló desde un lugar que no era el del mandatario, sino el del creyente que ha acompañado esta imagen durante gran parte de su vida. “El Cristo de Limpias, el mismo que acompaño desde hace 31 años, no solo es una imagen religiosa y de fe para mí, mi familia, sino también para amigos que me acompañan en su custodia y para todos los pereiranos. Por eso me siento orgulloso y contento de ser el síndico de esta hermosa y maravillosa imagen de la Semana Santa en Pereira, que recibió sus honores por sus 10 años de haber ingresado a la procesión de la Semana Mayor, el mismo tiempo que decidí tenerla bajo mi custodia”, expresó.
Finalmente, aquel Viernes Santo no fue solo una fecha en la agenda religiosa de la región. Fue una jornada en la que confluyeron dos caminos de fe profundamente ligados a la vida del mandatario, el del sendero que ayudó a devolverle a Dosquebradas y el de la imagen que ha cargado durante más de tres décadas en Pereira. Entre ambos escenarios, el día terminó revelando algo más hondo que una coincidencia del calendario, la manera en que la fe también puede ser memoria, compromiso y destino compartido.

