Guerra sin cuartel de Donald Trump contra la prensa

“Que pregunta tan estúpida, que pregunta tan estúpida. (…) Usted hace muchas preguntas estúpidas”, le dijo enfurecido Donald Trump a la periodista Abby Phillip de la CNN, en lo que significa el segundo enfrentamiento en solo dos días con reporteros de esa cadena de noticias, pues se suma a la pelea que tuvo con el periodista Jim Acosta el pasado martes en la rueda de prensa de balance de elecciones, con lo que ahonda la ‘guerra’ que le ha declarado a una de las empresas informativas más poderosas del mundo occidental.

Insultarla fue la respuesta de Trump cuando ella le preguntó “¿Quiere que su nuevo nominado a fiscal general, Matthew Whitaker, limite la investigación de la supuesta influencia de Rusia en las elecciones presidenciales que lo llevaron al poder?”

Los ataques a los periodistas se han convertido en una constante cuando le preguntan sobre temas que le incomodan y sobre todo con los más sensibles para él y que en este momento lo tienen en la cuerda floja por los anuncios de lo demócratas que lo amenazan con abrirle investigaciones en la Cámara de Representantes.

Los dos episodios, son solo parte de una cadena de enfrentamientos entre Donald Trump y los medios de comunicación, a los que no cesado de calificar como “enemigos del pueblo” y emisores de noticias falsas. Las organizaciones de prensa en Estados Unidos  e internacionales vienen reaccionando a esta situación que, según ellos, pone en riesgo a los comunicadores y los deja inermes ante la posibilidad de ser víctimas de ataques y atentados contra sus vidas y se remiten a las ‘cartas bomba’ que fueron enviadas a varias personalidades y a la sede de CNN en Atlanta.

La prensa se protege

Con la decisión de retirarle la credencial al periodista Jim Acosta para acceder a la sede de gobierno en Washington,  la Asociación de corresponsales acreditados ante la Casa Blanca le exigió al gobierno retroceder en la decisión y en una comunicación objetaron duramente “la táctica de utilizar las credenciales para castigar a un periodista con quien tiene una relación difícil”.

También la presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, María Elvira Domínguez, a su vez directora del diario El País de Cali, calificó el retiro de la credencial a Acosta como un acto de censura y contrario a la libertad de prensa, que denota una “medida desproporcionada”. En el sitio web de la SIP dijo también: “nos preocupa que ante preguntas incómodas, este tipo de medidas se tornen una norma y así se implementen en contra de más periodistas”.

Efectivamente el propio Trump les dijo a los periodistas en la Casa Blanca que podría ordenar el retiro de más credenciales a otros periodistas con el argumento de que, asi como lo hacía Jim Costa muchos otros le ‘faltan al respeto’ a su Secretaria de prensa, Sarah Huckabee Sanders  y mencionó a April Ryan, una corresponsal de la emisora afroamericana American Urban Radio y colaboradora de la CNN que lleva 20 años cubriendo la Casa Blanca.

“Estamos hablando de alguien que es una perdedora. No sabe qué demonios está haciendo. Le han dado un aumento de sueldo, y un contrato creo que con CNN. Pero es muy repugnante”, aseguró el mandatario.

La portavoz Sanders publicó en su cuenta de Twitter el video de la pelea del presidente Trump con el periodista Jim Costa, pero editado y con la imagen repetida del momento en que la becaria  intenta quitarle el micrófono y él baja la mano tocándole el brazo, que ha sido uno de los argumentos para cerrarle la entrada a la Casa Blanca, por considerarla una ‘agresión’ hacia la becaria.

El 16 de agosto de este año el periódico The Boston Globe lideró la publicación de un editorial común el tema de defenderse de los ataques de Trump y tuvo una acogida inmensa, puesto que más de 300 periódicos, incluido el poderoso New York Times, se acogieron y publicaron en la edición de ese día críticas al comportamiento del presidente quien no para de calificar de ‘fake news’ todo lo que se refiera a críticas contra él o su gobierno.

El Boston Globe dijo entre otras cosas en su editorial: “El presidente ha librado ‘un asalto sostenido contra la prensa libre’desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2017, a pesar de que precisamente la ‘grandeza’ de Estados Unidos depende de que los medios puedan ‘decir la verdad a los poderosos’”.

A la madrugada del día siguiente a la publicación del crecido número de diarios,  Donald Trump publicó en su cuenta de twitter un trino en el que dijo: “Los medios de noticias falsas son el partido de la oposición. Esto es muy malo para nuestro Gran País. Pero estamos ganando”.

Cuando el New York Times publicó en septiembre una columna de opinión anónima, de un supuesto colaborador de Trump en la propia Casa Blanca, el escándalo fue mayúsculo, entre muchos señalamientos el autor consignó uno devastador: “La raíz del problema es la falta de moral del presidente. Cualquier persona que trabaje con él sabe que no está anclado a ningún principio básico discernible que guíe la forma en que toma decisiones.” La respuesta del presidente en su cuenta de Twitter fue ¿Es traición?

A los medios que lo atacan con frecuencia, se suman también dos reconocidos periodistas que publicaron sendos libros en los que lo dejan muy mal parado, uno de ellos Fear (Miedo) dBob Woodward, reconocido por el caso Watergate, investigación publicada por The Washington Post y que logró tumbar al presidente Richard Nixon, el autor lo hace ver como un hombre que no gobierna  y cuyos impulsos “deben ser controlados por su equipo, limitando su información o incluso distrayendo documentos de la mesa de su despacho para que no lo recuerde” y Fuego y Furia, de Michael Wolff en el que entre otras cosas el autor asegura que a Trump “sus asesores lo ven como un niño”.

Fuente: Kienyke.