’19 días y 500 noches’, el disco que convirtió a Sabina en mito

A lo largo de la década de los 90 Joaquín Sabina logró una importante popularidad a ambos lados del Atlántico. Discos como Física y químicaEsta boca es mía o Yo, mi, me… contigo habían conseguido ventas importantes y otorgado un enorme prestigio a su autor, a pesar de algunos tropiezos, como Enemigos íntimos, su colaboración con Fito Páez que terminó como el rosario de la aurora.

Pero la publicación en 1999 de 19 días y 500 noches supuso un antes y un después en la trayectoria del cantautor jienense que, a sus ‘cuarenta y diez’, vio cómo se convertía en uno de los artistas españoles más importantes del mundo.

A punto de cumplirse 20 años de su edición, el periodista y escritor Juan Puchades acaba de publicar 19 días y 500 noches: Sabina fin de siglo (Ediciones Efe Eme, 248 páginas, 20,90€), un libro que repasa en profundidad todos las aspectos de un disco esencial, que sigue plenamente vigente y que, a lo largo de estas dos décadas ha vendido más de un millón de ejemplares.

Desde su proceso de composición y grabación, pasando por su lanzamiento y gira posterior e incluyendo una revisión del tour conmemorativo que Sabina realizó en 2014, coincidiendo con los 15 años del disco.

Un Sabina más crudo y desnudo

Puchades entrevista a los actores principales de aquella grabación (el propio Sabina, que cuenta numerosos detalles sobre la composición; el productor Alejo Stivel; los músicos que participaron -y los que no participaron- en las sesiones; los ejecutivos de su discográfica; los diseñadores de la portada…) para descubrir cada uno de los aspectos de un trabajo que nos presentó a un Sabina diferente, más crudo y desnudo y que, pese al impacto inicial, pasó pronto a ser el preferido para sus seguidores. «Es el disco de mi vida», asegura el cantautor en las páginas del libro.

«19 días y 500 noches juega un papel determinante en la carrera de Sabina. Marca el final de un tiempo, el que podríamos definir como el Sabina clásico, el que arranca a mediados de los 80, se consolida en los 90 y en ese momento de final de siglo lo impulsa directamente a la mitología», asegura a RTVE.es el autor del texto. Juan Puchades afirma que, con este trabajo, el cantautor se transformó «en mito, principalmente en América».

A lo largo de la obra, Puchades nos va descubriendo cómo se fue modelando un disco en el que, además de un repertorio imbatible (con canciones como «Barbie Superstar», «Cerrado por derribo», «De purísima y oro», «Una canción para la Magdalena» o el propio tema título), el sonido habitual de Sabina cambió, sobre todo por la insistencia de Alejo Stivel (cantante de Tequila), que gracias a este trabajo se convirtió en uno de los productores más cotizados de la música española.

«Creo que Alejo Stivel firmó aquí su gran producción y supo entender como nadie el sonido que necesitaban tanto Sabina como esa colección de canciones», comenta Juan Puchades, para quien el disco tiene «momentos de una brillantez absoluta».

Puchades, seguidor de la obra de Sabina desde inicios de los 80, asegura que 19 días… fue el disco que le demostró que el cantautor había logrado lo que estaba apuntando desde años y discos atrás: «Que su talento como compositor había relegado a todo el mundo en nuestro país, y me refiero tanto a la gente del pop y del rock como de la canción de autor. Es un Sabina maduro que ha destilado todo su oficio para ofrecer lo mejor como escritor de canciones».

Una portada que hizo historia

El libro recoge numerosas anécdotas relacionadas con la elaboración del disco. Una de las más llamativas, a la que el autor dedica un capítulo completo, es la de relacionada con la portada de 19 días y 500 noches: una fotografía en la que Sabina aparece fumando y con unas alas negras que, curiosamente, se tomó tres años antes de la publicación de la obra para un dominical sin que tuviera relación alguna con el disco. Los diseñadores la descubrieron por casualidad y la imagen se convirtió en inmortal.

«Es una portada que fue esencial para el éxito del disco y para fijar la imagen de Sabina en ese momento», comenta Puchades, que considera que es «la mejor de las suyas y probablemente está entre las mejores de la historia de la música popular española. Y sin embargo, fue fruto de la casualidad, del ojo clínico de un diseñador que vio que la portada no había que buscarla, que a las tantas de la madrugada, de casualidad, acababa de dar con ella. Menuda historia».

En su trabajo de campo, el autor también descubrió que la aparente sencillez del sonido del disco «llevó mucho esfuerzo y meses de trabajo en el estudio, con Sabina y Alejo Stivel teniendo muy claro lo que querían conseguir: una desnudez que alcanzaron trabajando sin descanso«.

En ese sentido, el productor cuenta en el texto cómo un Sabina en estado de gracia se empeñaba en realizar constantes cambios en los versos, hasta que Stivel tuvo que decir ‘basta’ y dar por terminada una grabación que llevaba camino de ser interminable.

Tampoco deja de lado la relación del cantautor con la cocaína -que Sabina nunca ha negado- y la importancia que tuvieron sus vicios y costumbres durante la grabación. «Él mismo lo define como el disco de su juventud alargada hasta los 50«, señala Puchades, para quien la obra ha aguantado perfectamente las dos décadas transcurridas desde su publicación gracias a su «sonido totalmente atemporal y a que parte de premisas musicales que unen el rock clásico con la tradición acústica de la canción popular latinoamericana y española. Y funciona con una naturalidad que pasma».

También es cierto que 19 días y 500 noches, como obra maestra que es, ha ensombrecido la producción posterior de Joaquín Sabina. «Lo que vino después es un Sabina marcado primero por el ictus, del que sale con un disco excelente (Dímelo en la calle) y luego vino la depresión, que marca otro gran disco (Alivio de luto)».

Poco a poco, según avanzaba el siglo XXI, el artista se fue alejando de la música y acercándose cada vez más a su círculo de amigos escritores. «Se ha prodigado poco en disco, aunque sus obras no son desdeñables. Pero hay que entender que no podemos esperar otro 19 días y 500 noches porque ese, como cualquier otro disco suyo o de cualquiera, es irrepetible», concluye Puchades.

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